Cuando en las reuniones con la psicóloga de la entidad que nos tramitó la adopción, hablábamos sobre el momento de encuentro con nuestra hija, yo contaba que en mis sueños se producía en un jardín lleno de flores y que la niña vendría corriendo a abrazarse a mí llamándome papá... Así lo imaginaba siempre. .A mi mujer, ni siquiera la ubicaba en el lugar. Éramos solo la niña y yo. Cuando de verdad ocurrió, las cosas fueron totalmente diferentes: La niña, de 15 meses de edad, todavía no andaba, así que no pudo correr a mis brazos; la entrega no fue en el jardín sino en un salón de actos lleno de sillas y, para colmo, el que se quedó sin saber que hacer fui yo, mientras mi mujer controlaba en todo momento la situación" Idealizar, soñar y fantasear sobre el momento de encuentro con el hijo es algo frecuente en la adopción internacional. Es una expresión del gran deseo de los padres de que todo vaya bien. Pero no siempre las cosas son fáciles y hay que estar preparados para afrontar las pequeñas o grandes dificultades que puedan surgir.
INFORMACIÓN
En los días anteriores al viaje, algunos futuros papás comienzan a preocuparse pensando en si van a ser capaces de enfrentarse con éxito a la situación, y viven con ansiedad la incertidumbre de no saber cómo va a reaccionar el niño, si se entenderán, si habrá química entre ellos...No hay ninguna duda de que después de tanto tiempo deseando que llegue, el encuentro con el hijo es un momento emocionalmente muy intenso para todos, cargado de alegría, pero también de ansiedad y temor.
Es muy importante que hayáis podido poner una carita concreta a ese hijo que durante tanto tiempo habéis intentado imaginar. Poder contemplar, aunque sea en una foto de mala calidad, su mirada, sus manos, la forma xxxxxxxx
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| en que se mantiene de pie, el color de su piel, los rasgos étnicos de su rostro o cualquier otro detalle, servirá para que podáis haceros una idea real no de cómo será, sino de cómo es ya vuestro hijo. Esa idea seguramente será muy distinta a como alguna vez habéis imaginado.
Disponer de fotos recientes y de información sobre el niño os ayudará a elaborar expectativas más realista y cercanas a la realidad. Conocer datos relativos a la historia familiar y legal del niño, es decir, cuáles son los motivos de su abandono y propuesta de adopción, si ha sufrido algún tipo de maltrato físico o psicológico, cuales son los centros por los que ha pasado, cuanto tiempo lleva en el orfanato, a qué edad se produjo el abandono, si tiene hermanos, así como disponer de información relativa a su estado de salud y desarrollo físico y psicológico.
Sería ideal conocer también gustos, preferencias y costumbres que os puedan ayudar en ese primer encuentro, por ejemplo cuales son sus juguetes y actividades favoritas.
Desgraciadamente, conseguir toda esta información es una utopía, ya que habitualmente los centros encargados del cuidado de los niños en espera de adopción internacional no disponen de los recursos para poder facilitar estos datos. Lo habitual es que la información sea poca y además sin garantías de una total fiabilidad.
EL NIÑO
Después del viaje en avión, el alojamiento en el hotel, las dificultades con el idioma, los nervios de última hora... llega el momento del primer encuentro. En él vais a participar los papás, las personas que hacen la entrega y el propio niño. Se unen multitud de sentimientos, de emociones, de expectativas, de miedos... "¿Dónde xxxxxx
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| me he metido?, ¿Sabré hacerlo bien? ¿Y si no me acepta?" Tampoco hay que ser pesimista y pensar que todo va a salir mal, pero sí hay que ser realista para poder afrontar la situación con éxito.
La reacción del niño en el momento de encuentro puede variar enormemente dependiendo de múltiples factores.
Tres de los más importantes van a ser la edad del pequeño, su estado emocional y la preparación que haya tenido para la adopción.
La edad del niño: en el momento de la adopción va a condicionar mucho el tipo de relación que se puede establecer, la forma de acercaros a él, los primeros momentos juntos y las expectativas ante su comportamiento. Hay que tener en cuenta que las pautas evolutivas que tenemos como referencia en nuestro entorno social y cultural, es decir, lo que estamos habituados a que hagan o sepan los niños a cada edad, no se puede aplicar directamente.
La capacidad de comunicación verbal, el razonamiento o el interés por un tipo de juego y otro pueden variar mucho de unas culturas a otras y de unos niveles de desarrollo a otros
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