Brujita
30/04/08, 11:52:41
¿Cuál es la relación entre edad y embarazo?:
Doctor Alberto Costoya
Ginécologo experto en Medicina Reproductiva
Clínica Indisa
La declinación de la fertilidad en la mujer comienza muchos años antes de la menopausia aunque los ciclos se conserven regulares y aún ovulatorios. Esta declinación es evidente si se analizan estudios clásicos en que se observa que las mujeres que no pueden concebir en su matrimonio son un 6% entre los 20 y 24 años, un 9% entre los 25 y los 29, un 15% entre los 30 y 34, un 30% entre 35-39 y 64% entre 40-44 años. Esta abrupta declinación en las chances que tiene una mujer para concebir y llegar a un embarazo de término a medida que avanza en edad ha sido ratificada en estudios controlados de procedimientos de inseminación artificial y técnicas de reproducción asistida. Así también, la tasa de abortos clínicos sube de un 15% en las mujeres menores de 35 años, a un 29% en las de 40, y a un 43% en las de 42 años.
Los estudios publicados sugieren que la razón más importante para este decaimiento de la fertilidad no es una falla de la fertilización del óvulo, sino que una pérdida del óvulo fecundado, antes de poder ser detectado un embarazo clínico. Aún más, la evidencia científica apunta claramente a que el aumento de estos abortos pre clínicos se debe a anormalidades cromosómicas de los óvulos, las que se incrementan con la edad, ya que éstos cromosomas permanecen “estáticos” en el tiempo desde que la mujer nace hasta pocas horas antes de ser ovulados. Durante todos esos años entonces, este material genético envejece y está expuesto también a causas externas que pueden alterarlos, ya que la mujer nace con una “dotación fija” de óvulos, la que va decreciendo con el tiempo.
Lo anteriormente expuesto no es menor, si se considera que la maternidad en general se ha ido postergando progresivamente desde hace cinco o seis décadas atrás. Este hecho sociológico, derivado de la incorporación de la mujer al mundo del estudio y el trabajo es fácilmente comprobable si nos remontamos a la edad en que nuestras abuelas o bisabuelas se casaban y tenían su primer hijo, lo que normalmente ocurría antes de los veinte o entre los veinte y treinta años.
Sumado a lo anterior, la postergación de la maternidad también significa que la mujer tiene un mayor tiempo de exposición al riesgo de enfermedades de transmisión sexual, u otras que pueden empeorar con el tiempo y que son causas de infertilidad como la endometriosis, por ejemplo.
Si un especialista en medicina reproductiva pudiese dar un consejo relacionado a la prevención de la infertilidad, probablemente el mejor sería que las parejas consideren que la postergación de la maternidad no es inocua y que edad y fertilidad deben pasar a constituir un elemento importante en la planificación de sus familias.
Doctor Alberto Costoya
Ginécologo experto en Medicina Reproductiva
Clínica Indisa
La declinación de la fertilidad en la mujer comienza muchos años antes de la menopausia aunque los ciclos se conserven regulares y aún ovulatorios. Esta declinación es evidente si se analizan estudios clásicos en que se observa que las mujeres que no pueden concebir en su matrimonio son un 6% entre los 20 y 24 años, un 9% entre los 25 y los 29, un 15% entre los 30 y 34, un 30% entre 35-39 y 64% entre 40-44 años. Esta abrupta declinación en las chances que tiene una mujer para concebir y llegar a un embarazo de término a medida que avanza en edad ha sido ratificada en estudios controlados de procedimientos de inseminación artificial y técnicas de reproducción asistida. Así también, la tasa de abortos clínicos sube de un 15% en las mujeres menores de 35 años, a un 29% en las de 40, y a un 43% en las de 42 años.
Los estudios publicados sugieren que la razón más importante para este decaimiento de la fertilidad no es una falla de la fertilización del óvulo, sino que una pérdida del óvulo fecundado, antes de poder ser detectado un embarazo clínico. Aún más, la evidencia científica apunta claramente a que el aumento de estos abortos pre clínicos se debe a anormalidades cromosómicas de los óvulos, las que se incrementan con la edad, ya que éstos cromosomas permanecen “estáticos” en el tiempo desde que la mujer nace hasta pocas horas antes de ser ovulados. Durante todos esos años entonces, este material genético envejece y está expuesto también a causas externas que pueden alterarlos, ya que la mujer nace con una “dotación fija” de óvulos, la que va decreciendo con el tiempo.
Lo anteriormente expuesto no es menor, si se considera que la maternidad en general se ha ido postergando progresivamente desde hace cinco o seis décadas atrás. Este hecho sociológico, derivado de la incorporación de la mujer al mundo del estudio y el trabajo es fácilmente comprobable si nos remontamos a la edad en que nuestras abuelas o bisabuelas se casaban y tenían su primer hijo, lo que normalmente ocurría antes de los veinte o entre los veinte y treinta años.
Sumado a lo anterior, la postergación de la maternidad también significa que la mujer tiene un mayor tiempo de exposición al riesgo de enfermedades de transmisión sexual, u otras que pueden empeorar con el tiempo y que son causas de infertilidad como la endometriosis, por ejemplo.
Si un especialista en medicina reproductiva pudiese dar un consejo relacionado a la prevención de la infertilidad, probablemente el mejor sería que las parejas consideren que la postergación de la maternidad no es inocua y que edad y fertilidad deben pasar a constituir un elemento importante en la planificación de sus familias.