milagros
13/06/08, 00:41:25
Hola chicas!
Hace ya un tiempo que no participo tan activamente del foro. Las he extrañado harto, pero tengo poquísimo tiempo ahora...jejeje.
Igual me encanta entrar y leer carpetas. Aveces aporto algunas cosas.
Quería presentarme porque sé que talvez mi experiencia puede servirle a alguien, y también para que me conozcan. Algunas zocalinas antiguas se acordarán de mí.
Llegué a este foro el 2006, Habíamos pasado por un año intentando con método natural, luego exámenes y diagnóstico de infertilidad por factor masculino. En esa época me atendía en la Alemana. De ahí 4 IIU, con ningún resultado.
Después de eso y dados los espermiogramas, pasamos al ICSI. En un comienzo, teníamos algunas dudas sobre la congelación de embriones. Optamos por un SOFT, que es un procedimiento distinto al ICSI tradional porque los óvulos seleccionados (sólo 2 o 3) son fecundados y transferidos en forma inmediata vía laparoscopía.
Esto nos permitió rembolsar una parte importante del procediemiento. Sin embargo, a pesar de tanta ilusión, la beta nuevamente fue negativa.
Mi médico nos recomendó reconsiderar el tema de la criopreservación y cambiarnos de clínica, porque en la Alemana no se puede congelar.
Ahí me ayudaron las amigas zocalinas. Llegué donde Balmaceda. En Abril del 2007 empezamos otro ICSI y me transfirieron 2 embriones"muy bonitos" según el doc. Esos embriones hoy se llaman Gabriel y Arturo. Del resto sólo pudimos congelar 1.
Pero para nosotros ahí terminó una batalla y comenzamos otra. Tuve síndrome de hiperestimulación, a pesar de que tuve un número de folículos bastante conservador. Los síntomas se me gatillaron 2 días antes de la beta. Después a las 6 semanas tuve un sangramiento importante, varios síntomas de pérdida y a las 13 semanas me empezaron las contracciones.
En ese momento me aterré, pero el cuello seguía bien así que supuestamente no había peligro. También me comenzaron unos dolores terribles, que me llegaban a atontar. Ahí estuve 1 semana en la Clínica, mientras evaluaban si hacerme cerclaje preventivo. Decidieron que era mejor esperar. Estuve un par de semanas bien y fui a control de rutina a las 17 semanas. Y HORROR!!! El cuello del útero se había acortado un montón y el embarazo estaba en peligro.
Me programaron un cerclaje de urgencia ese mismo día, pero comencé con contracciones fuertísimas y estando ya en el pabellón se tuvo que cancelar todo. Al final me hicieron una amniocentesis para descartar infección y me mandaron a la pieza a esperar.
Esa noche fue horrible. Estaba con contracciones y mucho dolor. El médico residente me hizo una eco a las 5 AM y nos dijo: "No sé si llegamos a la mañana". La verdad es que ahí pensé que todo se había acabado y lo triste era que sentía a mis guaguitas moviéndose y yo sin poder retenerlos.
Pero llegó la mañana. El resultado de infección era negativo y las contracciones cedieron un rato, así que me hicieron el cerclaje. Pero como las contracciones volvían, me empezaron a pasar parsistene por vía venosa. Eso me provocó taquicardia, pero lo soporté relativamente bien.
Mi primera meta fue llegar a las 24 semanas, luego las 26, 28. Ahí ya pude empezar a respirar más tranquila. En total estuve 3 meses en la Clínica, sin moverme y conectada día y noche a la maquinita que me pasaba el parsistene. Al final incluso me tuvieron que poner un catéter central del cuello a la yugular, porque ya mis venas estaban más picoteadas las pobres, que de mirarlas hacían flebitis.
Pero todo valió la pena!!! A las 32 semanas exactas, el cerclaje ya no se la pudo más con las contracciones. Así que esa noche decidieron que ya no era posible detenerlos y entré a pabellón para la cesárea.
No les puedo definir en palabras la felicidad que sentí cuando los oí llorar. Eran chiquititos, pero súper fuertes y sanitos. Ese día sentí a Dios a mi lado y una paz indescriptible.
Hoy mis niños ya tienen 6 meses. Y soy una agradecida de la vida, de Dios, de las enfermeras y matronas que me cuidaron, de mi marido y también de todas las zocalinas que me apoyaron y acompañaron desde el principio.
Hace ya un tiempo que no participo tan activamente del foro. Las he extrañado harto, pero tengo poquísimo tiempo ahora...jejeje.
Igual me encanta entrar y leer carpetas. Aveces aporto algunas cosas.
Quería presentarme porque sé que talvez mi experiencia puede servirle a alguien, y también para que me conozcan. Algunas zocalinas antiguas se acordarán de mí.
Llegué a este foro el 2006, Habíamos pasado por un año intentando con método natural, luego exámenes y diagnóstico de infertilidad por factor masculino. En esa época me atendía en la Alemana. De ahí 4 IIU, con ningún resultado.
Después de eso y dados los espermiogramas, pasamos al ICSI. En un comienzo, teníamos algunas dudas sobre la congelación de embriones. Optamos por un SOFT, que es un procedimiento distinto al ICSI tradional porque los óvulos seleccionados (sólo 2 o 3) son fecundados y transferidos en forma inmediata vía laparoscopía.
Esto nos permitió rembolsar una parte importante del procediemiento. Sin embargo, a pesar de tanta ilusión, la beta nuevamente fue negativa.
Mi médico nos recomendó reconsiderar el tema de la criopreservación y cambiarnos de clínica, porque en la Alemana no se puede congelar.
Ahí me ayudaron las amigas zocalinas. Llegué donde Balmaceda. En Abril del 2007 empezamos otro ICSI y me transfirieron 2 embriones"muy bonitos" según el doc. Esos embriones hoy se llaman Gabriel y Arturo. Del resto sólo pudimos congelar 1.
Pero para nosotros ahí terminó una batalla y comenzamos otra. Tuve síndrome de hiperestimulación, a pesar de que tuve un número de folículos bastante conservador. Los síntomas se me gatillaron 2 días antes de la beta. Después a las 6 semanas tuve un sangramiento importante, varios síntomas de pérdida y a las 13 semanas me empezaron las contracciones.
En ese momento me aterré, pero el cuello seguía bien así que supuestamente no había peligro. También me comenzaron unos dolores terribles, que me llegaban a atontar. Ahí estuve 1 semana en la Clínica, mientras evaluaban si hacerme cerclaje preventivo. Decidieron que era mejor esperar. Estuve un par de semanas bien y fui a control de rutina a las 17 semanas. Y HORROR!!! El cuello del útero se había acortado un montón y el embarazo estaba en peligro.
Me programaron un cerclaje de urgencia ese mismo día, pero comencé con contracciones fuertísimas y estando ya en el pabellón se tuvo que cancelar todo. Al final me hicieron una amniocentesis para descartar infección y me mandaron a la pieza a esperar.
Esa noche fue horrible. Estaba con contracciones y mucho dolor. El médico residente me hizo una eco a las 5 AM y nos dijo: "No sé si llegamos a la mañana". La verdad es que ahí pensé que todo se había acabado y lo triste era que sentía a mis guaguitas moviéndose y yo sin poder retenerlos.
Pero llegó la mañana. El resultado de infección era negativo y las contracciones cedieron un rato, así que me hicieron el cerclaje. Pero como las contracciones volvían, me empezaron a pasar parsistene por vía venosa. Eso me provocó taquicardia, pero lo soporté relativamente bien.
Mi primera meta fue llegar a las 24 semanas, luego las 26, 28. Ahí ya pude empezar a respirar más tranquila. En total estuve 3 meses en la Clínica, sin moverme y conectada día y noche a la maquinita que me pasaba el parsistene. Al final incluso me tuvieron que poner un catéter central del cuello a la yugular, porque ya mis venas estaban más picoteadas las pobres, que de mirarlas hacían flebitis.
Pero todo valió la pena!!! A las 32 semanas exactas, el cerclaje ya no se la pudo más con las contracciones. Así que esa noche decidieron que ya no era posible detenerlos y entré a pabellón para la cesárea.
No les puedo definir en palabras la felicidad que sentí cuando los oí llorar. Eran chiquititos, pero súper fuertes y sanitos. Ese día sentí a Dios a mi lado y una paz indescriptible.
Hoy mis niños ya tienen 6 meses. Y soy una agradecida de la vida, de Dios, de las enfermeras y matronas que me cuidaron, de mi marido y también de todas las zocalinas que me apoyaron y acompañaron desde el principio.