Ferdinand
19/12/09, 08:44:45
Crónica de un embarazo por inseminación
Su hija nacerá en tres meses, pero al papá sólo lo conoce por un código: 11135. Pagó 4.500 dólares con tarjeta de crédito vía internet y le mandaron, en un tanque, el semen de un hombre desde un banco de espermios de Estados Unidos. A continuación, su testimonio, y opiniones críticas a este controvertido método que ya se aplica en nuestro país.
Sabine Drysdale Soledad Cartagena entra al aeropuerto hecha un manojo de nervios. Han sido cuatro días de tensa espera. Suspira aliviada cuando ve que pasa sin problemas el control de aduanas. Por fin llegó, por fin está ahí, después de todo, a su lado, en el asiento del copiloto de su Volkswagen Gol blanco modelo 2000 estacionado frente al terminal.
Una sensación de euforia la invade. Hace calor. Son las dos de la tarde del martes 26 de mayo, abre las ventanas del auto, sube el volumen de la radio y canta sin pudor "Nanas de la cebolla", la canción que Joan Manuel Serrat le dedicó a su hijo; eso, mientras maneja a toda velocidad en dirección al oriente por la Costanera Norte, luego por avenida Santa María hasta Agua del Palo. El viento le enreda el pelo. Dobla a la izquierda y se estaciona. Abre la puerta del copiloto y lo mira: es blanco, mide más de un metro, pesa unos seis kilos. Toma el tanque por las asas y atraviesa los vidrios ahumados de la puerta principal de la Clínica Las Nieves, sube al laboratorio en el tercer piso y entrega el semen de un hombre, 11135 se llama, recién llegado desde California.
Soledad Cartagena vive sola en un pequeño departamento en la calle Suecia, en Providencia. Su espacio es un living-comedor, un baño y dos piezas. Una donde duerme, otra con un futón donde se reclinan, hablan, lloran sus pacientes. Soledad Cartagena es sicóloga clínica, se especializa en sexualidad. Apasionada por los números -pasaba tardes enteras haciendo ejercicios-, entró a estudiar Matemáticas en la Universidad Católica, pero la aridez de la carrera la decepcionó. Al año se cambió a Sicología en la Universidad Central.
Sus padres fueron eternos empleados del Banco del Estado. Ya están jubilados. Ya están separados. Tiene dos hermanas. Pía, la mayor, relacionadora pública, casada, dos hijas, le lleva tres años. Con la más chica, Coté, teórica del arte, la diferencia es de nueve. Tienen una relación estrecha. Fue la primera a quien le reveló sus planes.
-¿En serio lo vas a hacer?
-Sí. No hay nada más que esperar. Estoy en el límite. No tengo más tiempo.
-Te felicito, eres muy valiente y tienes las habilidades.
Después se lo dijo a su padre, que la miraba enmudecido mientras almorzaban. A su madre, convaleciente de un cáncer de mamas, prefirió contárselo en su casa, tendidas sobre la cama. Su madre le acarició el rostro como lo hacía cuando era niña.
-Te entiendo. Pobrecita que no tengas un hijo con un hombre al lado.
La compasión le dolió.
Soledad Cartagena, el pelo largo, castaño, los ojos cafés, la cara redonda, soltera, sola, acaba de cumplir cuarenta años, pero estas conversaciones sucedieron un año y medio atrás, cuando no tenía pareja estable y todo indicaba que no la tendría en el corto plazo. Por lo mismo no era candidata para adoptar, ya había superado la edad límite para congelar óvulos -los 37 años- y quería desesperadamente tener un hijo. Un hijo ya.
Eso les dijo a sus amigos.
De respuesta recibió ofertas. Primero de un colega, luego del marido de una compañera de universidad; ambos quisieron donarle sus espermios.
-Y si mi colega se casa y su señora no puede tener hijos... mi hijo es su hijo. Y con el marido de mi amiga. Yo soy la madrina de la hija mayor. Era todo bien raro. Bien loco.
Dijo no.
Luego ella misma se aventuró. A otro amigo que tampoco encontraba pareja le planteó compartir la paternidad.
-Yo estaba dispuesta pero me dijo que no, que él aspiraba a todo. Y lo entiendo. No es fácil pensar en alguien real, en alguien cercano. Tampoco quería llegar un día y decir estoy embarazada de un tipo que conocí en un bar, no era mi idea, nunca lo fue.
Entonces, sentada en la soledad del living de su departamento de la calle Suecia, abrió su viejo laptop y, conectada a través de un cable a internet, ingresó a la página [Only registered and activated users can see links] -el banco de semen que usa la Clínica Las Nieves- y se puso a vitrinear color de pelo, ojos, altura, origen étnico, forma de nariz y una serie de ítems difíciles de enumerar, hasta que dio con el donante 11135.
-Primero seleccioné que fuera un donante abierto, para que mi hijo o hija pudiera buscarlo si quisiera. Luego que fuera hispánico o caucásico, de pelo y ojos café, más parecido a mí. Después me leí las historias de enfermedades familiares, los test de temperamento, pero llegó un momento en que no quise seguir indagando más. Había que dejarle algo a la vida, ¿no?
Con el corazón en la boca digitó el número de su tarjeta de crédito, apretó enter y automáticamente se restaron cuatro mil quinientos dólares de sus fondos.
Esto sucedió cuatro días antes de su encuentro con el tanque en el aeropuerto, el día que decidió ser madre sin un padre.
El uso de donantes está documentado por primera vez en 1884 en el Jefferson Medical College de Filadelfia, en un matrimonio cuyo marido no tenía espermios. Según los documentos de la época el médico tratante, William Pancoast, discutió el tema con sus alumnos de medicina y sugirió que se usara el semen del alumno "más buenmozo" para inseminar a la paciente. Como resultado de este experimento médico habría nacido el primer niño concebido con espermios de un donante. Esto generó un acalorado debate entre doctores, teólogos, abogados. La práctica siguió haciéndose pero con máxima discreción entre doctores y pacientes, evitando cuestionamientos. El método volvió a generar controversia en 1954, cuando el British Medical Journal publicó un documento con la explicación completa del procedimiento y volvió a encenderse el debate. El Arzobispo de Canterbury nombró comisiones investigadoras y el primer informe que recibió recomendaba que fuera declarado delito. Ese mismo año, en Roma, el Papa Pío XII declaró la inseminación con donante un pecado. Luego, la Corte de Cook County en EE.UU. declaró que era considerado adulterio por parte de la madre, pese a que el marido haya consentido la donación, y el hijo considerado ilegítimo. Pero en 1974 la ley en ese país cambió y acepta a los hijos de donante como parte del matrimonio y el donante se exime de responsabilidad parental.
En los países de América, incluyendo a Chile, no hay legislación que regule las inseminaciones a mujeres solteras. Acá se practica abiertamente en clínicas como Las Nieves y el IVI, aunque también dentro de la privacidad de la consulta médica en otros centros.
Si las fertilizaciones in vitro hechas dentro del matrimonio aún son un tema tabú en la sociedad chilena, ser madre soltera con donante de banco es aún más controvertido.
Se trata de casos muy poco frecuentes, en general mujeres profesionales con cargos medios y altos que no han podido encontrar pareja y llegaron a la edad límite.
Para el obstetra y magíster en Bioética de la Universidad Católica, Luis Jensen, hay una diferencia clara entre haber nacido dentro de una familia sin padre y otra es haber tomado la decisión de traer al mundo a un niño en esas condiciones.
-El niño tiene el derecho a ser concebido como fruto de un acto de amor, a ser gestado en la atmósfera cálida del matrimonio, y a nacer, crecer, y ser formado en una familia. Es evidente que hay muchas personas que no han podido tener la experiencia de este itinerario, pero es completamente diferente la responsabilidad del que opta por algo que sabe que será diferente e incompleto desde el inicio. En el caso de la inseminación artificial con espermios de donante participan el donante, el responsable del banco de espermios, el médico que implementa la inseminación, los técnicos de laboratorio que preparan la muestra. El acto conyugal fruto del amor íntimo de los esposos es reemplazado por muchos otros actos que buscan hacer eficiente una técnica. Se cambia la donación y acogimiento mutuo de la procreación de una persona, por las múltiples etapas de una reproducción técnica. Por esto, es más fácil que en la aproximación vital al resultado de la fertilización asistida se tienda a evaluarlo como "algo a lo que se tiene derecho": de hecho se ha pagado tanto en dinero, molestias, exámenes, frustraciones. El gran drama de estas técnicas es que siendo el fin algo maravilloso, para lograrlo, se realizan una serie de actos cuestionables y terminan reduciendo el inicio de la vida a una técnica para satisfacer un derecho a la maternidad", dice Jensen, quien es parte de la fundación Portavitae, que se dedica a la problemática del matrimonio y de la familia.
Para la Iglesia Católica, se trata de una práctica derechamente inmoral, según explica el obispo de San Bernardo, monseñor Ignacio González, perteneciente a la prelatura del Opus Dei.
-Nadie tiene derecho a tener hijos. Sólo quienes tienen vocación para el matrimonio tienen el derecho a realizar los actos propios de la procreación; la naturaleza dirá si hay hijos o no. Una persona que no se ha casado no puede aspirar a tener hijos fuera del matrimonio, dice.
Cuando hay problemas para tener hijos, dentro del matrimonio, dice el obispo, la ciencia sólo puede ayudar en algunos casos a que se produzca la fecundación, pero sólo dentro del acto sexual, como por ejemplo el uso de hormonas para estimular la ovulación.
-La inseminación heteróloga (mediante el uso de donante) incluso en dos personas unidas por el matrimonio siempre está en contra el orden moral.
En Chile, este tema no ha estado en el debate público; sí se ha discutido en América Latina pero a nivel de médicos. En EE.UU. el comité de ética de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva debatió si es que era aceptable ayudar a mujeres solteras a tener hijos. Tras señalar que no había evidencia que indicara daño a los hijos que nacen sin un padre presente, en su último documento concluyeron: "Creemos que ni la preocupación por el bienestar de los hijos ni el deseo por promover el matrimonio justifican que se les nieguen los servicios reproductivos a individuos solteros..."
La discusión en los países desarrollados se ha centrado en los derechos de los hijos a conocer su origen. En Estados Unidos y Europa hay organizaciones que se dedican a juntar a los medios hermanos nacidos del mismo donante y en Inglaterra, en 2005, se prohibieron las donaciones de semen anónimas, intentando proteger el derecho a los niños a saber quién es su padre.
Por cada vez que 11135 entrega sus espermios en un frasco le pagan cien dólares. Si lo hace tres veces a la semana recibe mil doscientos dólares al mes y otros incentivos como entradas gratis al cine y certificados de regalos en diferentes tiendas. 11135 declaró en su ficha que lo hace para ganar un dinero extra y, de paso, ayudar a quienes desean tener hijos.
11135 nació en 1983. Su nombre es un misterio, su rostro también, pero se sabe que estudió sociología, que tiene el pelo liso, castaño, los ojos color avellana, la piel blanca. Es caucásico con genes noruegos, alemanes e ingleses. Mide un metro ochenta y ocho centímetros, pesa 86 kilos. No tiene pecas ni hoyuelos en las mejillas, tampoco nariz romana. Su grupo de sangre es cero positivo. Practica el salto con garrocha, esquía y surfea. Canta, dibuja y escribe. Es diestro. Su color preferido es el verde. Su plato favorito, la pizza.
No cualquiera puede convertirse en un padre anónimo de cinco dígitos. Cryo Bank California exige que sean estudiantes universitarios o egresados de alguna carrera de cuatro años, o trabajen como bomberos, policías o paramédicos. Las edades fluctúan entre los 19 y 38 años, deben medir al menos 1.76 metros, gozar de buena salud y ser residentes estadounidenses. Superada esa barrera, se analizan los espermios. Deben ser de buena calidad y estar libres de enfermedades. Cryo Bank California dice que sólo el 1 por ciento de los que postulan se convierten en donantes y se jacta de tener congelados espermios de lumbreras de Harvard, Stanford y el MIT. 11135 podría ser uno de ellos. O quizás no.
Soledad Cartagena compró seis muestras de 11135. Tenía que asegurarse. A los cuarenta años embarazarse es más improbable que probable.
A Soledad Cartagena no le importa que le pregunten quién es el padre, ni que queden mudos cuando les dice que no sabe, que es fruto de una inseminación con donante. Tampoco se enojó cuando en la primera consulta que tuvo con el obstetra de la Clínica Santa María, encargado de llevar su embarazo a término, le preguntara mientras estaba acostada en la camilla, mientras escuchaba los latidos de su guagua, si es que había tenido relaciones con hombres.
-Es una pregunta legítima porque Chile no está acostumbrado a esta realidad -dice.
Pero sí confiesa que ha tenido miedo.
-Yo tenía mucho miedo, no por el rechazo hacia mí, sino a las consecuencias que mi hija pudiera tener sobre todo en familia, que fuera una nieta "en desmedro", pero tengo la sensación de que no va a ser así. Cuando piensas que el 50 por ciento va a rechazar tu decisión y ves que el 100 por ciento te apoya, te baja la paranoia.
A su hija le está escribiendo un diario. Con todos los detalles de su gestación, incluso cuando aún era una loca idea que rondaba su cabeza.
Traer una criatura al mundo sin un padre presente no es una decisión fácil. He pensado muchas veces cuál sería tu reacción ante esta verdad. No quería que el mundo fuera un lugar hostil para ti porque tu madre decidió tenerte sola. Piojita, piojito, no sé qué va a pasar contigo ni cómo vamos a vivir esta historia nuestra. Espero acompañarte y que podamos ir con esta verdad de frente sin ocultar este origen. A mi juicio, el origen de tu vida está en el inmenso cariño que tenía por encontrarte y por la ambición que tengo de que tu nacimiento sea una oportunidad para que en el mundo exista otra alma feliz con la capacidad de decir que la vida es digna de ser vivida.
Hoy tiene seis meses de gestación.
Su hija se llamará Amanda.
Amanda Martí Cartagena.
Martí es el segundo apellido de su madre.
-Suena bien. Mejor que Amanda Cartagena Cartagena.
Amanda Martí Cartagena debería nacer en los primeros días de marzo. A Soledad ahora le preocupa cómo va a pagar el parto, la sala cuna, más adelante el colegio. Aún sueña con una pareja con quien compartir las responsabilidades.
-Hasta subir las bolsas del supermercado es más grato con alguien al lado.
Por ahora, Amanda no tiene un padre. Pero 11135, con letra pulcra y ordenada, le dejó un mensaje:
Les deseo la mejor de las suertes con todo. Por favor disfruten cada día de sus vidas que la vida es muy corta. Si alguna vez quieren contactarme, por favor háganlo.
Sabine Drysdale.
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Su hija nacerá en tres meses, pero al papá sólo lo conoce por un código: 11135. Pagó 4.500 dólares con tarjeta de crédito vía internet y le mandaron, en un tanque, el semen de un hombre desde un banco de espermios de Estados Unidos. A continuación, su testimonio, y opiniones críticas a este controvertido método que ya se aplica en nuestro país.
Sabine Drysdale Soledad Cartagena entra al aeropuerto hecha un manojo de nervios. Han sido cuatro días de tensa espera. Suspira aliviada cuando ve que pasa sin problemas el control de aduanas. Por fin llegó, por fin está ahí, después de todo, a su lado, en el asiento del copiloto de su Volkswagen Gol blanco modelo 2000 estacionado frente al terminal.
Una sensación de euforia la invade. Hace calor. Son las dos de la tarde del martes 26 de mayo, abre las ventanas del auto, sube el volumen de la radio y canta sin pudor "Nanas de la cebolla", la canción que Joan Manuel Serrat le dedicó a su hijo; eso, mientras maneja a toda velocidad en dirección al oriente por la Costanera Norte, luego por avenida Santa María hasta Agua del Palo. El viento le enreda el pelo. Dobla a la izquierda y se estaciona. Abre la puerta del copiloto y lo mira: es blanco, mide más de un metro, pesa unos seis kilos. Toma el tanque por las asas y atraviesa los vidrios ahumados de la puerta principal de la Clínica Las Nieves, sube al laboratorio en el tercer piso y entrega el semen de un hombre, 11135 se llama, recién llegado desde California.
Soledad Cartagena vive sola en un pequeño departamento en la calle Suecia, en Providencia. Su espacio es un living-comedor, un baño y dos piezas. Una donde duerme, otra con un futón donde se reclinan, hablan, lloran sus pacientes. Soledad Cartagena es sicóloga clínica, se especializa en sexualidad. Apasionada por los números -pasaba tardes enteras haciendo ejercicios-, entró a estudiar Matemáticas en la Universidad Católica, pero la aridez de la carrera la decepcionó. Al año se cambió a Sicología en la Universidad Central.
Sus padres fueron eternos empleados del Banco del Estado. Ya están jubilados. Ya están separados. Tiene dos hermanas. Pía, la mayor, relacionadora pública, casada, dos hijas, le lleva tres años. Con la más chica, Coté, teórica del arte, la diferencia es de nueve. Tienen una relación estrecha. Fue la primera a quien le reveló sus planes.
-¿En serio lo vas a hacer?
-Sí. No hay nada más que esperar. Estoy en el límite. No tengo más tiempo.
-Te felicito, eres muy valiente y tienes las habilidades.
Después se lo dijo a su padre, que la miraba enmudecido mientras almorzaban. A su madre, convaleciente de un cáncer de mamas, prefirió contárselo en su casa, tendidas sobre la cama. Su madre le acarició el rostro como lo hacía cuando era niña.
-Te entiendo. Pobrecita que no tengas un hijo con un hombre al lado.
La compasión le dolió.
Soledad Cartagena, el pelo largo, castaño, los ojos cafés, la cara redonda, soltera, sola, acaba de cumplir cuarenta años, pero estas conversaciones sucedieron un año y medio atrás, cuando no tenía pareja estable y todo indicaba que no la tendría en el corto plazo. Por lo mismo no era candidata para adoptar, ya había superado la edad límite para congelar óvulos -los 37 años- y quería desesperadamente tener un hijo. Un hijo ya.
Eso les dijo a sus amigos.
De respuesta recibió ofertas. Primero de un colega, luego del marido de una compañera de universidad; ambos quisieron donarle sus espermios.
-Y si mi colega se casa y su señora no puede tener hijos... mi hijo es su hijo. Y con el marido de mi amiga. Yo soy la madrina de la hija mayor. Era todo bien raro. Bien loco.
Dijo no.
Luego ella misma se aventuró. A otro amigo que tampoco encontraba pareja le planteó compartir la paternidad.
-Yo estaba dispuesta pero me dijo que no, que él aspiraba a todo. Y lo entiendo. No es fácil pensar en alguien real, en alguien cercano. Tampoco quería llegar un día y decir estoy embarazada de un tipo que conocí en un bar, no era mi idea, nunca lo fue.
Entonces, sentada en la soledad del living de su departamento de la calle Suecia, abrió su viejo laptop y, conectada a través de un cable a internet, ingresó a la página [Only registered and activated users can see links] -el banco de semen que usa la Clínica Las Nieves- y se puso a vitrinear color de pelo, ojos, altura, origen étnico, forma de nariz y una serie de ítems difíciles de enumerar, hasta que dio con el donante 11135.
-Primero seleccioné que fuera un donante abierto, para que mi hijo o hija pudiera buscarlo si quisiera. Luego que fuera hispánico o caucásico, de pelo y ojos café, más parecido a mí. Después me leí las historias de enfermedades familiares, los test de temperamento, pero llegó un momento en que no quise seguir indagando más. Había que dejarle algo a la vida, ¿no?
Con el corazón en la boca digitó el número de su tarjeta de crédito, apretó enter y automáticamente se restaron cuatro mil quinientos dólares de sus fondos.
Esto sucedió cuatro días antes de su encuentro con el tanque en el aeropuerto, el día que decidió ser madre sin un padre.
El uso de donantes está documentado por primera vez en 1884 en el Jefferson Medical College de Filadelfia, en un matrimonio cuyo marido no tenía espermios. Según los documentos de la época el médico tratante, William Pancoast, discutió el tema con sus alumnos de medicina y sugirió que se usara el semen del alumno "más buenmozo" para inseminar a la paciente. Como resultado de este experimento médico habría nacido el primer niño concebido con espermios de un donante. Esto generó un acalorado debate entre doctores, teólogos, abogados. La práctica siguió haciéndose pero con máxima discreción entre doctores y pacientes, evitando cuestionamientos. El método volvió a generar controversia en 1954, cuando el British Medical Journal publicó un documento con la explicación completa del procedimiento y volvió a encenderse el debate. El Arzobispo de Canterbury nombró comisiones investigadoras y el primer informe que recibió recomendaba que fuera declarado delito. Ese mismo año, en Roma, el Papa Pío XII declaró la inseminación con donante un pecado. Luego, la Corte de Cook County en EE.UU. declaró que era considerado adulterio por parte de la madre, pese a que el marido haya consentido la donación, y el hijo considerado ilegítimo. Pero en 1974 la ley en ese país cambió y acepta a los hijos de donante como parte del matrimonio y el donante se exime de responsabilidad parental.
En los países de América, incluyendo a Chile, no hay legislación que regule las inseminaciones a mujeres solteras. Acá se practica abiertamente en clínicas como Las Nieves y el IVI, aunque también dentro de la privacidad de la consulta médica en otros centros.
Si las fertilizaciones in vitro hechas dentro del matrimonio aún son un tema tabú en la sociedad chilena, ser madre soltera con donante de banco es aún más controvertido.
Se trata de casos muy poco frecuentes, en general mujeres profesionales con cargos medios y altos que no han podido encontrar pareja y llegaron a la edad límite.
Para el obstetra y magíster en Bioética de la Universidad Católica, Luis Jensen, hay una diferencia clara entre haber nacido dentro de una familia sin padre y otra es haber tomado la decisión de traer al mundo a un niño en esas condiciones.
-El niño tiene el derecho a ser concebido como fruto de un acto de amor, a ser gestado en la atmósfera cálida del matrimonio, y a nacer, crecer, y ser formado en una familia. Es evidente que hay muchas personas que no han podido tener la experiencia de este itinerario, pero es completamente diferente la responsabilidad del que opta por algo que sabe que será diferente e incompleto desde el inicio. En el caso de la inseminación artificial con espermios de donante participan el donante, el responsable del banco de espermios, el médico que implementa la inseminación, los técnicos de laboratorio que preparan la muestra. El acto conyugal fruto del amor íntimo de los esposos es reemplazado por muchos otros actos que buscan hacer eficiente una técnica. Se cambia la donación y acogimiento mutuo de la procreación de una persona, por las múltiples etapas de una reproducción técnica. Por esto, es más fácil que en la aproximación vital al resultado de la fertilización asistida se tienda a evaluarlo como "algo a lo que se tiene derecho": de hecho se ha pagado tanto en dinero, molestias, exámenes, frustraciones. El gran drama de estas técnicas es que siendo el fin algo maravilloso, para lograrlo, se realizan una serie de actos cuestionables y terminan reduciendo el inicio de la vida a una técnica para satisfacer un derecho a la maternidad", dice Jensen, quien es parte de la fundación Portavitae, que se dedica a la problemática del matrimonio y de la familia.
Para la Iglesia Católica, se trata de una práctica derechamente inmoral, según explica el obispo de San Bernardo, monseñor Ignacio González, perteneciente a la prelatura del Opus Dei.
-Nadie tiene derecho a tener hijos. Sólo quienes tienen vocación para el matrimonio tienen el derecho a realizar los actos propios de la procreación; la naturaleza dirá si hay hijos o no. Una persona que no se ha casado no puede aspirar a tener hijos fuera del matrimonio, dice.
Cuando hay problemas para tener hijos, dentro del matrimonio, dice el obispo, la ciencia sólo puede ayudar en algunos casos a que se produzca la fecundación, pero sólo dentro del acto sexual, como por ejemplo el uso de hormonas para estimular la ovulación.
-La inseminación heteróloga (mediante el uso de donante) incluso en dos personas unidas por el matrimonio siempre está en contra el orden moral.
En Chile, este tema no ha estado en el debate público; sí se ha discutido en América Latina pero a nivel de médicos. En EE.UU. el comité de ética de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva debatió si es que era aceptable ayudar a mujeres solteras a tener hijos. Tras señalar que no había evidencia que indicara daño a los hijos que nacen sin un padre presente, en su último documento concluyeron: "Creemos que ni la preocupación por el bienestar de los hijos ni el deseo por promover el matrimonio justifican que se les nieguen los servicios reproductivos a individuos solteros..."
La discusión en los países desarrollados se ha centrado en los derechos de los hijos a conocer su origen. En Estados Unidos y Europa hay organizaciones que se dedican a juntar a los medios hermanos nacidos del mismo donante y en Inglaterra, en 2005, se prohibieron las donaciones de semen anónimas, intentando proteger el derecho a los niños a saber quién es su padre.
Por cada vez que 11135 entrega sus espermios en un frasco le pagan cien dólares. Si lo hace tres veces a la semana recibe mil doscientos dólares al mes y otros incentivos como entradas gratis al cine y certificados de regalos en diferentes tiendas. 11135 declaró en su ficha que lo hace para ganar un dinero extra y, de paso, ayudar a quienes desean tener hijos.
11135 nació en 1983. Su nombre es un misterio, su rostro también, pero se sabe que estudió sociología, que tiene el pelo liso, castaño, los ojos color avellana, la piel blanca. Es caucásico con genes noruegos, alemanes e ingleses. Mide un metro ochenta y ocho centímetros, pesa 86 kilos. No tiene pecas ni hoyuelos en las mejillas, tampoco nariz romana. Su grupo de sangre es cero positivo. Practica el salto con garrocha, esquía y surfea. Canta, dibuja y escribe. Es diestro. Su color preferido es el verde. Su plato favorito, la pizza.
No cualquiera puede convertirse en un padre anónimo de cinco dígitos. Cryo Bank California exige que sean estudiantes universitarios o egresados de alguna carrera de cuatro años, o trabajen como bomberos, policías o paramédicos. Las edades fluctúan entre los 19 y 38 años, deben medir al menos 1.76 metros, gozar de buena salud y ser residentes estadounidenses. Superada esa barrera, se analizan los espermios. Deben ser de buena calidad y estar libres de enfermedades. Cryo Bank California dice que sólo el 1 por ciento de los que postulan se convierten en donantes y se jacta de tener congelados espermios de lumbreras de Harvard, Stanford y el MIT. 11135 podría ser uno de ellos. O quizás no.
Soledad Cartagena compró seis muestras de 11135. Tenía que asegurarse. A los cuarenta años embarazarse es más improbable que probable.
A Soledad Cartagena no le importa que le pregunten quién es el padre, ni que queden mudos cuando les dice que no sabe, que es fruto de una inseminación con donante. Tampoco se enojó cuando en la primera consulta que tuvo con el obstetra de la Clínica Santa María, encargado de llevar su embarazo a término, le preguntara mientras estaba acostada en la camilla, mientras escuchaba los latidos de su guagua, si es que había tenido relaciones con hombres.
-Es una pregunta legítima porque Chile no está acostumbrado a esta realidad -dice.
Pero sí confiesa que ha tenido miedo.
-Yo tenía mucho miedo, no por el rechazo hacia mí, sino a las consecuencias que mi hija pudiera tener sobre todo en familia, que fuera una nieta "en desmedro", pero tengo la sensación de que no va a ser así. Cuando piensas que el 50 por ciento va a rechazar tu decisión y ves que el 100 por ciento te apoya, te baja la paranoia.
A su hija le está escribiendo un diario. Con todos los detalles de su gestación, incluso cuando aún era una loca idea que rondaba su cabeza.
Traer una criatura al mundo sin un padre presente no es una decisión fácil. He pensado muchas veces cuál sería tu reacción ante esta verdad. No quería que el mundo fuera un lugar hostil para ti porque tu madre decidió tenerte sola. Piojita, piojito, no sé qué va a pasar contigo ni cómo vamos a vivir esta historia nuestra. Espero acompañarte y que podamos ir con esta verdad de frente sin ocultar este origen. A mi juicio, el origen de tu vida está en el inmenso cariño que tenía por encontrarte y por la ambición que tengo de que tu nacimiento sea una oportunidad para que en el mundo exista otra alma feliz con la capacidad de decir que la vida es digna de ser vivida.
Hoy tiene seis meses de gestación.
Su hija se llamará Amanda.
Amanda Martí Cartagena.
Martí es el segundo apellido de su madre.
-Suena bien. Mejor que Amanda Cartagena Cartagena.
Amanda Martí Cartagena debería nacer en los primeros días de marzo. A Soledad ahora le preocupa cómo va a pagar el parto, la sala cuna, más adelante el colegio. Aún sueña con una pareja con quien compartir las responsabilidades.
-Hasta subir las bolsas del supermercado es más grato con alguien al lado.
Por ahora, Amanda no tiene un padre. Pero 11135, con letra pulcra y ordenada, le dejó un mensaje:
Les deseo la mejor de las suertes con todo. Por favor disfruten cada día de sus vidas que la vida es muy corta. Si alguna vez quieren contactarme, por favor háganlo.
Sabine Drysdale.
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