Atenea
30/04/08, 15:47:21
Embriones congelados para fertilización "IN VITRO"
¿Qué pasa con los que sobran?
María Teresa Villafrade
El Mercurio
Viernes 30 de Agosto de 2002
A una chilena le perdieron el semen congelado de su esposo; una viuda reclama el apellido de su marido muerto para sus hijos concebidos "in vitro"; una pareja homosexual tuvo cuatrillizos; una divorciada reivindica su derecho a procrear siete embriones congelados de su ex marido... Casos excepcionales que no son el centro de la polémica de la reproducción asistida. Lo que sí importa es qué hacer con los cientos de miles de embriones criopreservados sobrantes y que nadie reclamará. ¿Hay en Chile "huevos" en el congelador?
María Teresa Villafrade
Elisa, una profesional de 35 años, creyó que el mundo se le venía abajo cuando en 1995 le detectaron a Esteban, su esposo, un avanzado cáncer testicular. Como todavía no tenían hijos, los médicos decidieron extraerle una muestra de semen al marido antes de someterlo a la quimioterapia. "Me dijeron que de esta manera podríamos asegurar para el futuro nuestra descendencia. La muestra quedaría congelada y yo podría hacerme una fertilización in vitro más adelante, cuando Esteban se hubiera recuperado por completo", cuenta ella.
Este joven matrimonio luchó durante años contra el cáncer y una vez que la amenaza de muerte desapareció, ambos decidieron que estaban en condiciones de traer un hijo al mundo. Elisa recurrió a una prestigiosa clínica de indiscutida trayectoria en este tipo de tratamientos en Chile, pero hoy está arrepentida y dolida.
*La única razón por la que quiero contar esta historia, incluso contra la opinión de mi marido, es porque me he dado cuenta de que estamos frente a una medicina mercantilizada. Cuando las cosas marchan viento en popa, todos te tratan regio, pero apenas surgen los problemas comienzan las malas caras y los malos tratos, y una se siente amenazada en un lugar que debería acogerte y protegerte *dice.
Después de permanecer 16 días con seguimiento ecográfico e inyecciones diarias, le extrajeron a Elisa los óvulos que serían fecundados por el semen descongelado de Esteban. Pero la muestra no apareció.
*Estaba recién saliendo de la anestesia cuando oigo que el médico le cuenta esto a Esteban y le pide muy suelto de cuerpo que reúna a sus hermanos para que ¡ellos donen sus espermios! Casi me muero de la impresión con esas palabras. ¿Cómo pudo sugerir algo semejante? Bueno, el caso es que después apareció la muestra de Esteban y ahí nos contaron que había sido mal congelada, pero que igual fecundarían mis óvulos a ver si resultaba. Por supuesto que todo salió mal. Ya no hay forma de que podamos tener hijos propios.
Ambos sabían que el tratamiento podía no salir bien, aun cuando la muestra hubiera sido bien congelada. Pero lo que más les duele es la forma en que fueron tratados.
*No hay ninguna consideración. Yo entré a ese centro como si fuera una máquina más de un gran engranaje en el que todo tiene que encajar y funcionar bien. Como esto no ocurrió y yo reclamé y me quejé, empezaron los silencios, las explicaciones titubeantes. Es como entrar a una fiesta y que todos se queden callados al verte. Nadie se hizo responsable por lo que pasó, se culpaban unos a otros y la sensación de caos y de desorden era total. Apenas salía de la ecografía toda deprimida, me comenzaban a cobrar. Me trataban como si fuera una cosa y no una persona. Fue horrible. Lo único que mitigó un poco la terrible situación que pasamos, fue que el médico tratante tuvo la delicadeza y honradez de reconocer que hubo errores y hacerse cargo de que no se nos cobrara por el tratamiento.
Elisa no quiere saber nada más de ninguna técnica de fertilización asistida y está pensando seriamente en adoptar un hijo y su caso, que claramente es una excepción a la norma, se suma al de otros errores que la prensa internacional difunde con gran espectacularidad. Como el de aquel matrimonio de ingleses que en lugar de tener hijos blancos, tuvo mellizos de color por un dramático error en la transferencia de embriones.
La técnica, además, se presta para que mujeres solteras, como la actriz Jodie Foster, puedan tener hijos con donantes anónimos, o para que Michael Jackson tenga hijos blancos siendo él negro. O para que viudas, como Diane Blood, logren procrear hijos póstumos.
Diane, inglesa de 36 años, está enfrascada en una batalla legal para que se reconozca a los dos hijos que ha tenido de su esposo muerto en 1995, el derecho a llevar el apellido paterno. Liam y Joel Michael nacieron gracias al esperma que se le extrajo a Stephen Blood estando en coma, un hecho inédito en el mundo. La ley inglesa exige el requisito de que exista un consentimiento previo del padre para otorgar su apellido a la descendencia.
En Inglaterra, acaban también de negar a los padres de un niño que padece una rara enfermedad de la sangre la autorización para concebir in vitro un bebé "a medida", cuyas células podrían curar a su hermano. Más antiguo y célebre fue el caso de Mary Sue Davis, madre de siete embriones congelados que reclamaba el derecho a que le fueran transferidos pese a que estaba divorciada de su esposo y este se oponía rotundamente.
Las historias no terminan. En Europa ha aumentado el número de parejas de lesbianas que acuden a los centros de fertilidad para concretar sin tanto trámite su deseo de ser madres. Recién en Estados Unidos, una pareja de homosexuales acaba de ser padre de cuatrillizos gracias a la generosidad de una amiga que se ofreció a someterse a un in vitro con los espermios de uno de ellos.
¿Qué pasa con los que sobran?
María Teresa Villafrade
El Mercurio
Viernes 30 de Agosto de 2002
A una chilena le perdieron el semen congelado de su esposo; una viuda reclama el apellido de su marido muerto para sus hijos concebidos "in vitro"; una pareja homosexual tuvo cuatrillizos; una divorciada reivindica su derecho a procrear siete embriones congelados de su ex marido... Casos excepcionales que no son el centro de la polémica de la reproducción asistida. Lo que sí importa es qué hacer con los cientos de miles de embriones criopreservados sobrantes y que nadie reclamará. ¿Hay en Chile "huevos" en el congelador?
María Teresa Villafrade
Elisa, una profesional de 35 años, creyó que el mundo se le venía abajo cuando en 1995 le detectaron a Esteban, su esposo, un avanzado cáncer testicular. Como todavía no tenían hijos, los médicos decidieron extraerle una muestra de semen al marido antes de someterlo a la quimioterapia. "Me dijeron que de esta manera podríamos asegurar para el futuro nuestra descendencia. La muestra quedaría congelada y yo podría hacerme una fertilización in vitro más adelante, cuando Esteban se hubiera recuperado por completo", cuenta ella.
Este joven matrimonio luchó durante años contra el cáncer y una vez que la amenaza de muerte desapareció, ambos decidieron que estaban en condiciones de traer un hijo al mundo. Elisa recurrió a una prestigiosa clínica de indiscutida trayectoria en este tipo de tratamientos en Chile, pero hoy está arrepentida y dolida.
*La única razón por la que quiero contar esta historia, incluso contra la opinión de mi marido, es porque me he dado cuenta de que estamos frente a una medicina mercantilizada. Cuando las cosas marchan viento en popa, todos te tratan regio, pero apenas surgen los problemas comienzan las malas caras y los malos tratos, y una se siente amenazada en un lugar que debería acogerte y protegerte *dice.
Después de permanecer 16 días con seguimiento ecográfico e inyecciones diarias, le extrajeron a Elisa los óvulos que serían fecundados por el semen descongelado de Esteban. Pero la muestra no apareció.
*Estaba recién saliendo de la anestesia cuando oigo que el médico le cuenta esto a Esteban y le pide muy suelto de cuerpo que reúna a sus hermanos para que ¡ellos donen sus espermios! Casi me muero de la impresión con esas palabras. ¿Cómo pudo sugerir algo semejante? Bueno, el caso es que después apareció la muestra de Esteban y ahí nos contaron que había sido mal congelada, pero que igual fecundarían mis óvulos a ver si resultaba. Por supuesto que todo salió mal. Ya no hay forma de que podamos tener hijos propios.
Ambos sabían que el tratamiento podía no salir bien, aun cuando la muestra hubiera sido bien congelada. Pero lo que más les duele es la forma en que fueron tratados.
*No hay ninguna consideración. Yo entré a ese centro como si fuera una máquina más de un gran engranaje en el que todo tiene que encajar y funcionar bien. Como esto no ocurrió y yo reclamé y me quejé, empezaron los silencios, las explicaciones titubeantes. Es como entrar a una fiesta y que todos se queden callados al verte. Nadie se hizo responsable por lo que pasó, se culpaban unos a otros y la sensación de caos y de desorden era total. Apenas salía de la ecografía toda deprimida, me comenzaban a cobrar. Me trataban como si fuera una cosa y no una persona. Fue horrible. Lo único que mitigó un poco la terrible situación que pasamos, fue que el médico tratante tuvo la delicadeza y honradez de reconocer que hubo errores y hacerse cargo de que no se nos cobrara por el tratamiento.
Elisa no quiere saber nada más de ninguna técnica de fertilización asistida y está pensando seriamente en adoptar un hijo y su caso, que claramente es una excepción a la norma, se suma al de otros errores que la prensa internacional difunde con gran espectacularidad. Como el de aquel matrimonio de ingleses que en lugar de tener hijos blancos, tuvo mellizos de color por un dramático error en la transferencia de embriones.
La técnica, además, se presta para que mujeres solteras, como la actriz Jodie Foster, puedan tener hijos con donantes anónimos, o para que Michael Jackson tenga hijos blancos siendo él negro. O para que viudas, como Diane Blood, logren procrear hijos póstumos.
Diane, inglesa de 36 años, está enfrascada en una batalla legal para que se reconozca a los dos hijos que ha tenido de su esposo muerto en 1995, el derecho a llevar el apellido paterno. Liam y Joel Michael nacieron gracias al esperma que se le extrajo a Stephen Blood estando en coma, un hecho inédito en el mundo. La ley inglesa exige el requisito de que exista un consentimiento previo del padre para otorgar su apellido a la descendencia.
En Inglaterra, acaban también de negar a los padres de un niño que padece una rara enfermedad de la sangre la autorización para concebir in vitro un bebé "a medida", cuyas células podrían curar a su hermano. Más antiguo y célebre fue el caso de Mary Sue Davis, madre de siete embriones congelados que reclamaba el derecho a que le fueran transferidos pese a que estaba divorciada de su esposo y este se oponía rotundamente.
Las historias no terminan. En Europa ha aumentado el número de parejas de lesbianas que acuden a los centros de fertilidad para concretar sin tanto trámite su deseo de ser madres. Recién en Estados Unidos, una pareja de homosexuales acaba de ser padre de cuatrillizos gracias a la generosidad de una amiga que se ofreció a someterse a un in vitro con los espermios de uno de ellos.